miércoles, 24 de octubre de 2012

VIDA & MODA


Por: Andrea Cruz – Cuarto Semestre (Diseño de modas)

Adquirir un nuevo estilo  es un tema que pone a pensar a muchas mujeres puesto que ninguna quiere dejar de lado su esencia, pero si quiere mostrarse innovadora y diferente a las demás.

Por ello la mujer de los años 20 y los años 30 adopta un nuevo estilo que se adapta a las nuevas tareas que desempeña en la sociedad y en la industria no sin dejar de lado la respuesta eficaz a sus necesidades.
La mujer de los años 20 adquirió un nuevo estilo de vida puesto a que ingreso de lleno a las actividades laborales fuera de casa, este rol necesitaba una respuesta adecuada frente a la moda; con atuendos funcionales que cambiaran frente a la circunstancia, es allí donde las telas, avíos y adornos entran a jugar una parte importante de este periodo.
Este periodo es conocido como “Los vibrantes años 20 “, las expresiones artistas toman fuerza, las jóvenes lucen siluetas andróginas y delgadas, con cabellos cortos, pestañas cargadas de rímel, lápiz de cejas negro, bocas pintadas y colorete. Son mujeres liberadas  que ríen y  bailan.
El vestido cae recto desde los hombros, la cintura se traslada a la cadera y las faldas se acortan tres veces en el periodo. Las telas mórbidas (satín y rayón) cambian la lencería, simplemente la noche brilla y se llena de ritmo.
Para la mujer de los años 30 la figura continua siendo delgada como en los años 20 pero adquirió otros contornos que recordaban a las figuras griegas. Se cambió de la línea recta y sin marcar  a una más delineada y femenina, el talle estrecho se realzo sobre todo en el caso de la moda cotidiana con cinturones angostos de cuero o de la misma tela del vestido, las faldas se ciñeron a las caderas y muchas veces presentaban un movimiento oscilante debido a su forma acampanada. El corte al través, los drapeados y los cortes eran muy importantes para conseguir esta forma; el largo de la falda era entre la rodilla y la pantorrilla; la parte superior se adhiere bastante al cuerpo y las mangas se vuelven angostas.
Se impuso la combinación de la falda y la blusa puesto que resultaba más practico durante el día. A finales de la década la línea de la indumentaria se volvió más seria y funcional. En 1934 surgieron las primeras telas con elastómero  y con esto el surgimiento de nuevas posibilidades en la confección.
Con este breve estudio podemos observar como la mujer condiciona su indumentaria a sus cambiantes roles y necesidades pero primordialmente a la necesidad de adquirir una nueva forma innovadora de resaltar su feminidad.